No dudé en alejarme del camino para ver si podía encontrar más leña y aunque mis pies ya estaban bastante cansados, avanzaba más y más pensando que unos pasos adelante habría algún tronco fuera de mi vista. Ustedes pensarán que mi actuar parece el de un masoquista. Piensan bien.
Llegó un momento en que ya no veía la carretilla, ni siquiera el sendero por el que me aparté; había caminado irregularmente y ahora me encontraba en un lugar en el que no había estado antes. Seguía avanzando, era como si mis pies se movieran por sí mismos, hasta que algo los detuvo: un fuerte golpe que azotó mi cabeza y retumbó en toda la montaña precipitadamente.
Las piernas se me doblaron cual hojas tiernas pero, a pesar de que lo natural hubiese sido que perdiera el conocimiento, nunca en mi vida estuve más lúcido y, con todo y el dolor desgarrador que vibraba en mi cabeza, mis sentidos funcionaban al límite.
Los colores eran más brillantes, tanto que debía hacer los ojos dos rendijas para que la luz no atravesara mis retinas; mi olfato era mejor que el del mejor sabueso: mi nariz me daba a conocer la pestilencia de la mierda en los alrededores y eso me hacía exhalar repetidamente materia vomitiva aumentando mi repulsión. Y los sonidos, señores los sonidos eran estruendosos hasta la tortura, quería arrancarme los oídos para no percibir aquel horror pero nada de lo que hacía me aliviaba. Y si eso les parece soportable, el frío había traspasado la gruesa gabardina y me quemaba la piel (debo confesarles que por mi mente pasó la idea de morir congelado) que reaccionaba exageradamente a todo agente externo
Y ahí estaba yo, postrado en la nieve con aquel caudal de aterradoras sensaciones fluyendo por mi cuerpo cuando, varios metros adelante, vi a un muchacho que daba los golpes finales a una liebre. Su espalda cubría al animal pero mis sentidos super desarrollados me hacían saber que era una liebre en agonía. Podía oler su sangre, aún caliente, y podía oír sus tímidos gemidos. El muchacho estaba como embelesado con el animal y no se dio cuenta de mi presencia.
De pronto, como atraído por una piedra imán, volteó y me miró con una expresión cándida y familiar que me hizo olvidar por unos instantes mi sufrimiento y concentrarme en sus hermosos ojos color marrón.
Se levantó dispuesto a ir hacia mí.
Les juro señores que en ese momento el mundo se silenció, el frío se detuvo y el hedor desapareció para dar paso al aroma más exquisito que he percibido en toda mi vida. Lo único que persistió fue mi molestia a la luz, casi cegadora, que estoy seguro, emanaba del muchacho.
... To be continue.
SKRIABIN YEVGUÉNIEVICH (primera entrega)
Aunque no me lo preguntaran a mí me interesaba decirlo, hacerle saber al mundo que mi profesión era la de un bufón, algunos se echaban a reír y otros me daban la espalda con una cara de asco o algo parecido. ¿Qué si no sentía rabia? No, ya estoy acostumbrado a las ofensas; incluso creo que de entre todas las profesiones a mí me tocó la de hacerle saber a los demás que hay existencias más miserables que las de ellos: la mía, por ejemplo. Al verme, la gente se siente mejor porque ven en mí a un ser inferior que los hace parecer mínimamente más afortunados. Les digo que ese trato para mí es de lo más normal.
Pero no los convoqué para hablarles de mi profesión, no, ese es tema que espero poder comentarles a detalle en un futuro, porque causar lástima y repulsión tiene su ciencia. El motivo del fluir de mis palabras es uno mucho más complejo.
Verán, yo… he matado a un hombre… lo he matado a sangre fría y he huido como un cobarde. Lo digo y me estremece la lucidez con que declaro este hecho
No siento remordimiento y eso me sobrecoge porque quizá esté muerto y aún no me he dado cuenta, dicen que cuando uno muere sorpresivamente su alma cae en la cuenta tiempo después. Pero si estuviera muerto no me sobrecogería y, sobre todo, no sentiría esta insoportable sed. Como quisiera beber un poco de agua, aunque fuese de lluvia…
¡Ahhh!, perdonarán mi desvarío pero me ha dado una suerte de fiebre que me hace hilar mis pensamientos rizomáticamente. Pues bien, como les dije antes, he matado a un hombre.
Desde que salí de mi casa sentí un aire malsano, respiraba pero no sentía la satisfacción que dan un par de pulmones llenos hasta el tope, sino que ese aire me raspaba la garganta y lejos de refrescarme, me asfixiaba sutilmente. Con todo y ese aire malsano debía salir por la leña porque, como ustedes sabrán, los inviernos acá en la montaña son terribles. Se hielan los dedos y si uno no los mueve pueden congelarse y quebrarse como vidrio.
Así pues, cogí el hacha y la carretilla y me dirigí a la cúspide porque -perdonen pero me quedo sin saliva- cerca del valle no quedaba ya ni una mísera rama que ayudara. La subida fue pesada pero al cabo de un par de horas llegué poco más abajo de la cima. Vi varios troncos que me servían pero mis cortas manos me impidieron agarrarlos todos en un solo viaje y tuve que volver varias veces para llenar la carretilla. Avancé hacia otro paraje porque aunque ya estaba bastante pesada mi carga sabía que podía aguantar más.
Seguramente lo han experimentado: la angustia que desata un reto provocado por nosotros mismos y superior a nuestras fuerzas, así es el hombre, necio y estúpido por naturaleza, así actué yo hoy en la mañana, justo antes de calentar mis manos con ese fluido caliente rojo carmín.
No dudé en alejarme del camino para ver si podía encontrar más leña.
...To be continue.
Pero no los convoqué para hablarles de mi profesión, no, ese es tema que espero poder comentarles a detalle en un futuro, porque causar lástima y repulsión tiene su ciencia. El motivo del fluir de mis palabras es uno mucho más complejo.
Verán, yo… he matado a un hombre… lo he matado a sangre fría y he huido como un cobarde. Lo digo y me estremece la lucidez con que declaro este hecho
No siento remordimiento y eso me sobrecoge porque quizá esté muerto y aún no me he dado cuenta, dicen que cuando uno muere sorpresivamente su alma cae en la cuenta tiempo después. Pero si estuviera muerto no me sobrecogería y, sobre todo, no sentiría esta insoportable sed. Como quisiera beber un poco de agua, aunque fuese de lluvia…
¡Ahhh!, perdonarán mi desvarío pero me ha dado una suerte de fiebre que me hace hilar mis pensamientos rizomáticamente. Pues bien, como les dije antes, he matado a un hombre.
Desde que salí de mi casa sentí un aire malsano, respiraba pero no sentía la satisfacción que dan un par de pulmones llenos hasta el tope, sino que ese aire me raspaba la garganta y lejos de refrescarme, me asfixiaba sutilmente. Con todo y ese aire malsano debía salir por la leña porque, como ustedes sabrán, los inviernos acá en la montaña son terribles. Se hielan los dedos y si uno no los mueve pueden congelarse y quebrarse como vidrio.
Así pues, cogí el hacha y la carretilla y me dirigí a la cúspide porque -perdonen pero me quedo sin saliva- cerca del valle no quedaba ya ni una mísera rama que ayudara. La subida fue pesada pero al cabo de un par de horas llegué poco más abajo de la cima. Vi varios troncos que me servían pero mis cortas manos me impidieron agarrarlos todos en un solo viaje y tuve que volver varias veces para llenar la carretilla. Avancé hacia otro paraje porque aunque ya estaba bastante pesada mi carga sabía que podía aguantar más.
Seguramente lo han experimentado: la angustia que desata un reto provocado por nosotros mismos y superior a nuestras fuerzas, así es el hombre, necio y estúpido por naturaleza, así actué yo hoy en la mañana, justo antes de calentar mis manos con ese fluido caliente rojo carmín.
No dudé en alejarme del camino para ver si podía encontrar más leña.
...To be continue.
Flujos mentales
Hoy no convoco a los lectores, hoy solo espero que una me lea: la más necia y amargada: yo.
¿Ya oíste? Es la noche que está respirando. Se pone a suspirar estruendosamente hasta llenar sus hermosos pulmones de nube porque sabe que nadie la escucha. No, ya nadie la escucha mas que los enamorados pero... yo no he visto enamorados últimamente, y si me los llego a encontrar les huyo o me volteo porque esa especie no me nada de confianza. Por eso la morena suspira tan a sus anchas, porque cree que nadie la escucha. Me pregunto qué la hará suspirar.
Pa´mí que suspira por cosas de amores. Pa´mí que está bien enamorada del Sol, pero claro, este le huye. Cuando ya están por encontrarse él va y se esconde atrás de esos cerros; la otra llega corre y corre toda agitada a ver si lo alcanza pero... nunca lo ha visto de cerca, nunca ha sentido su calor. ¡Pobrecita noche, tan bonita y tan entristecida!
¿Qué se sentirá ser noche?
No sé lo que se siente ser noche pero sí sé lo que se siente ser yo. Aquí estoy, presa del tedio y la costumbre apelando a la fluidez de mis pensamientos sin que estos respondan bien. Ahora que me acuerdo, ya van varios días que no me responden bien.
A veces creo que mi cerebro, que mis ideas en sí, ya caducaron. Pasó como con la lata de atún olvidada en la alacena: paciente y cerrada esperando entre paquetes de harina y bolsas de frijol, que se acuerden de ella para formar parte de algún deliciosos platillo, pero cuando al fin alguien se acuerda de ella ya resulta inservible y solo sale para ir al bote de basura.
Me pesan los ojos, escribo con dificultad... algo húmedo y ligero cayó en mi muñeca... no es nada más que agüita salada... ¡Ahh, se me salió de los ojos!
¿Es esta agüita la consecuencia de este retumbo en este pecho? ¿O será que es nomás el ojo que se está limpiando?
Yo creo que es lo segundo porque hoy el aire estaba muy sucio: gases pestilentes, palabras contaminantes, miradas tóxicas, sonrisas repulsivas, presencias asqueantes (tanto, que si no me alejo me vomito) ¡Qué bueno que el ojo se limpia de tanta inmundicia!
¡Qué abusada la natura!
¿Ya oíste? Es la noche que está respirando. Se pone a suspirar estruendosamente hasta llenar sus hermosos pulmones de nube porque sabe que nadie la escucha. No, ya nadie la escucha mas que los enamorados pero... yo no he visto enamorados últimamente, y si me los llego a encontrar les huyo o me volteo porque esa especie no me nada de confianza. Por eso la morena suspira tan a sus anchas, porque cree que nadie la escucha. Me pregunto qué la hará suspirar.
Pa´mí que suspira por cosas de amores. Pa´mí que está bien enamorada del Sol, pero claro, este le huye. Cuando ya están por encontrarse él va y se esconde atrás de esos cerros; la otra llega corre y corre toda agitada a ver si lo alcanza pero... nunca lo ha visto de cerca, nunca ha sentido su calor. ¡Pobrecita noche, tan bonita y tan entristecida!
¿Qué se sentirá ser noche?
No sé lo que se siente ser noche pero sí sé lo que se siente ser yo. Aquí estoy, presa del tedio y la costumbre apelando a la fluidez de mis pensamientos sin que estos respondan bien. Ahora que me acuerdo, ya van varios días que no me responden bien.
A veces creo que mi cerebro, que mis ideas en sí, ya caducaron. Pasó como con la lata de atún olvidada en la alacena: paciente y cerrada esperando entre paquetes de harina y bolsas de frijol, que se acuerden de ella para formar parte de algún deliciosos platillo, pero cuando al fin alguien se acuerda de ella ya resulta inservible y solo sale para ir al bote de basura.
Me pesan los ojos, escribo con dificultad... algo húmedo y ligero cayó en mi muñeca... no es nada más que agüita salada... ¡Ahh, se me salió de los ojos!
¿Es esta agüita la consecuencia de este retumbo en este pecho? ¿O será que es nomás el ojo que se está limpiando?
Yo creo que es lo segundo porque hoy el aire estaba muy sucio: gases pestilentes, palabras contaminantes, miradas tóxicas, sonrisas repulsivas, presencias asqueantes (tanto, que si no me alejo me vomito) ¡Qué bueno que el ojo se limpia de tanta inmundicia!
¡Qué abusada la natura!
Murió el maestro José Luis Martínez

La noticia la supe a las 18:10. En El Universal minuto por minuto apareció: el maestro José Luis Martínez había muerto solo unas horas antes de que entrara el equinoccio de primavera. Extrañeza, asombro, ansiedad por decírselo al mundo, a mis compañeros a mi maestro.
Quién era José Luis Martínez.
Era un hombre erudito, apasionado, lector incansable, pero sobre todo, hombre comprometido con las letras mexicanas. Maestro y alumno, heredero directo del maestro Alfonso Reyes, historiador, admirador del poeta Netzahualcóyotl, perfecto prosista, curador de la literatura mexicana. José Luis Martínez es una referencia indispensable para el campo literario mexicano.
Su muerte hace evidente, una vez más, que la inmortalidad se logra a través del trabajo, del trabajo bien logrado porque su cansado cuerpo de 89 años de edad se va a descansar pero su vasta obra seguirá contribuyendo para establecer el peso específico de la literatura mexicana:
“Si vuelvo la vista a mi propio pasado, a partir de aquellos remotos años a finales de mis treintas y a lo largo de 1940 en que me inauguraba, encuentro que objetivamente algo he hecho en el campo de los estudios literarios, aunque mucho menos de lo que cada vez hubiera querido hacer. De mis numerosos años de vida, más de la mitad están dedicados a los estudios mexicanos”. Decía en un discurso de agradecimiento durante un homenaje en Bellas Artes.
Hoy los libros no leídos me han pesado, las ausencias de palabras en mis ojos me han abochornado frente a este hombre que tiene una de las bibliotecas más impresionantes de la historia. Pero al mismo tiempo, me he sentido muy orgullosa pues, a pesar de que las malas lenguas dicen que los mexicanos no leemos, este gran hombre se consagró a las letras y con ello contribuyó para despertar en futuras generaciones esa pasión desbordante por los libros.
Descanse en paz el maestro José Luis Martínez, inspiración y ejemplo para muchos de nosotros.
VI Encuetro de Creadoras de Sueños y Realidades.
Hace algunos días la calurosa ciudad de Hermosillo se impregnó de un aroma maravilloso y se pintó de colores varios; hace algunos días por las calles sonorenses desfilaron mujeres de diversas tierras, reunidas ahí para dar comienzo al VI Encuentro se Creadoras de Sueños y Realidades.
Se hicieron presentes las de México, las de Colombia y las de Argentina quienes dieron a conocer su cultura, su sabiduría, la destreza de sus manos, los bordados de sus ropas, los trenzados en sus cabellos y la palabra de sus pueblos.
Cuatro días fue un tiempo ridículamente corto para mostrar la vastedad multicultural de México y el mundo, pero había que establecer un lapso, porque la brevedad de nuestro paso por la Tierra nos obliga a hablar de tiempos.
Había palabras en lenguas sonoramente hermosas que eran construídas en forma de canto y de poesía; también se apreciaron imágenes que mostraban la exhuberancia de los pueblos y que lograron ser perpetuadas gracias a la cámara de foto; pinturas con colores vibrantes; esculturas que dejaban ver los caminos que recorrío la hábil mano que las creó; bordados exquisitos que reflejaban la paciencia y el cuidado femeninos; videos que la hacían de ventana al interior de las comunidades; pero sobre todo, lo que se dejó ver en este sexto encuentro fue el talento y la fortaleza de los pueblos originarios manifestada a través de sus mujeres.
Ellas vendiendo, ellas hablando, ellas cantando, ellas sin ellos; ellas solas enfrentándose al exigente público, al marchante que quiere una rebaja, a los que las veían como algo raro, exótico y fotografiable; ellas lejos de su hogar, ellas cada vez más fuertes mostrando lo que algunos han llamado el arte indígena.
Al final, entre ellas se reafirmó un vínculo originado hace ya varios años y se robusteció el conocimiento y la creatividad pero sobre todo la hermandad. El regreso a sus comunidades, bendecido en una ceremonia seri, representa una labor de difusión para dar a conocer todo lo que allí se vio y para reforzar la producción artística en sus pueblos.
Ya se verán las caras el próximo año para mostrar sus realidades y hablar de sus sueños.
MUJER INDÍGENA.
Conocí de tí mujer indígena
el significado de tus metáforas,
la importancia de tus luchas,
el valor de tu palabra.
Supe de tí mientras admiraba
el ritmo de tu contoneante falda,
tus colores,tu sensual sonrisa,
la majestuosidad de tu cuerpo
revestido con encanjes y mantas bordadas,
la belleza de tus cabellos adornados con flores y listones.
¡Oh mujer indígena!
Brillas más que el oro de tu filigrana,
tu aroma es más exquisito que el del barro humedecido,
tu voz es más dulce que la panela recién elaborada,
eres más fuerte que el grano de maíz maduro,
y más hermosa que el campo verde meciéndose al viento.
Me he enamorado de tí mariposa de la sierra,
espuma marina, viento de la montaña.
Me he enamorado perdidamente y
Solo ruego poder verte mañana.
Se hicieron presentes las de México, las de Colombia y las de Argentina quienes dieron a conocer su cultura, su sabiduría, la destreza de sus manos, los bordados de sus ropas, los trenzados en sus cabellos y la palabra de sus pueblos.
Cuatro días fue un tiempo ridículamente corto para mostrar la vastedad multicultural de México y el mundo, pero había que establecer un lapso, porque la brevedad de nuestro paso por la Tierra nos obliga a hablar de tiempos.
Había palabras en lenguas sonoramente hermosas que eran construídas en forma de canto y de poesía; también se apreciaron imágenes que mostraban la exhuberancia de los pueblos y que lograron ser perpetuadas gracias a la cámara de foto; pinturas con colores vibrantes; esculturas que dejaban ver los caminos que recorrío la hábil mano que las creó; bordados exquisitos que reflejaban la paciencia y el cuidado femeninos; videos que la hacían de ventana al interior de las comunidades; pero sobre todo, lo que se dejó ver en este sexto encuentro fue el talento y la fortaleza de los pueblos originarios manifestada a través de sus mujeres.
Ellas vendiendo, ellas hablando, ellas cantando, ellas sin ellos; ellas solas enfrentándose al exigente público, al marchante que quiere una rebaja, a los que las veían como algo raro, exótico y fotografiable; ellas lejos de su hogar, ellas cada vez más fuertes mostrando lo que algunos han llamado el arte indígena.
Al final, entre ellas se reafirmó un vínculo originado hace ya varios años y se robusteció el conocimiento y la creatividad pero sobre todo la hermandad. El regreso a sus comunidades, bendecido en una ceremonia seri, representa una labor de difusión para dar a conocer todo lo que allí se vio y para reforzar la producción artística en sus pueblos.
Ya se verán las caras el próximo año para mostrar sus realidades y hablar de sus sueños.
MUJER INDÍGENA.
Conocí de tí mujer indígena
el significado de tus metáforas,
la importancia de tus luchas,
el valor de tu palabra.
Supe de tí mientras admiraba
el ritmo de tu contoneante falda,
tus colores,tu sensual sonrisa,
la majestuosidad de tu cuerpo
revestido con encanjes y mantas bordadas,
la belleza de tus cabellos adornados con flores y listones.
¡Oh mujer indígena!
Brillas más que el oro de tu filigrana,
tu aroma es más exquisito que el del barro humedecido,
tu voz es más dulce que la panela recién elaborada,
eres más fuerte que el grano de maíz maduro,
y más hermosa que el campo verde meciéndose al viento.
Me he enamorado de tí mariposa de la sierra,
espuma marina, viento de la montaña.
Me he enamorado perdidamente y
Solo ruego poder verte mañana.
SVIDRIGAILOV
Se oculta de la felicidad, está a punto de encontrarlo pero él se rehúsa a seguirle el juego, un poco por el qué dirán y un poco por su rebeldía; un mucho por su masoquismo y otro tanto por cobardía.
Hasta ahora le ha funcionado, lleva seis años fermentándose en la amargura de sus miedos y sus dudas. Hasta ahora se ha escapado, según él porque es más fácil acostumbrarse a vivir con la amargura eterna que con la ausencia que deja la felicidad huidiza.
Tacha de estúpidos a los que ríen, a los que aman, a los que sueñan, a los que aún tiene esperanza y se carcome por dentro mientras los observa con una sonrisa mezquina dibujada en su no menos mezquino rostro.
A veces me mira y sé lo que está pensando.
Hasta ahora le ha funcionado, lleva seis años fermentándose en la amargura de sus miedos y sus dudas. Hasta ahora se ha escapado, según él porque es más fácil acostumbrarse a vivir con la amargura eterna que con la ausencia que deja la felicidad huidiza.
Tacha de estúpidos a los que ríen, a los que aman, a los que sueñan, a los que aún tiene esperanza y se carcome por dentro mientras los observa con una sonrisa mezquina dibujada en su no menos mezquino rostro.
A veces me mira y sé lo que está pensando.
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