She is

Hay una mujer que quiero entrañablemente, es trabajadora, risueña, noble, servicial; hace dos años descubrió que su esposo le era infiel y cayó en una profunda depresión, enfrentó al hombre y éste le rogó que lo perdonara; ella lo perdonó y le advirtió que no le volvería a pasar algo así. Actualmente siguen juntos y creo que ya está recuperándose.

Hemos coincidido, y se les echa de ver que se quieren, él la apapacha, ella sigue igual de risueña. Yo la veo y me pregunto si todas las mujeres que se relacionan con hombres están destinadas a "aguantar y perdonar", me pregunto si decidir no "aguantar y perdonar" ningún hecho que violente la salud mental-emocional-física de una mujer la condena a no tener pareja del sexo masculino, me pregunto si anteponer el amor propio genera animadversión en aquellos con quienes nos relacionamos, y si eso, en consecuencia, nos priva de amor.

Como bien sabrán, en el pasado viví romances de telenovela y al día de hoy llevo varios años sin una pareja estable; tal vez en unos años sea como esa tía de carácter fuerte y con billete que a sus casi 60 años sigue soltera porque rechazó muchas propuestas de matrimonio pues consideraba a los tipos poca cosa para ella; francamente sería un buen final para mí: ser la tía rica, líder y enojona a la que todos respetan porque nunca ocupó de un fulano para salir adelante.
Me da mucho oso leer lo cursi de mi escritura, los lugares comunes en todas mis publicaciones; luego se mira mi formación con el melodrama televisivo. Tal vez el hecho de que hasta la fecha sea tan ridícula se debe a que he abrevado básicamente de las telenovelas y el patriarcado, me leo absolutamente heteronormada he invadida con el virus del amor romántico.

Es cierto que tuve una relación problemática pero viéndolo a la distancia (no mames que ya pasaron 9 años) me doy cuenta que yo era la del pedo, con mi pinche actitud de eterna víctima y protagonista sufrida. Cómo me gustaría regresar a ese año y decirme "morra estás bien pendeja, déjate de mamadas, ponte a trabajar y abre a ese puto alv ". Pero no pasó eso.

Hoy estoy en el polo opuesto, si algo me molesta de algún wey lo despacho, nadie me gusta lo suficiente para intimar, todos los weyes que conozco en mi entorno inmediato me parecen muy feos, muy pendejos, muy frívolos, muy mamones, muy gatos, muy naquitos, muy poca cosa, muy aburridos, muy ignorantes, muy machistas, muy ridículos, muy misóginos, etc., etc.

De hecho, se ha agudizado mi prejuicisionismo y tiendo a etiquetar a las personas, creo que tengo el síndrome de la intolerancia crónica. Quienes me conocen, afirman que me he vuelto enojona y amargada, dicen que antes era alegre y risueña. No me importa lo que digan los demás pero admito que al hacer una lista de las personas que quiero y me quieren sólo aparece mi círculo familiar de primera línea. 
Unas primas hermanas tuvieron babyshower, críos, bautizos y yo no me aparecí en ninguno de esos momentos, tengo sobrinas que no he visto en más de un año, ya va para dos años que no salgo con mi BFF y creo que la última vez que salí de ladies night fue en el año de 2015.

Les voy a confesar algo muy fuerte: la última vez que tuve un date fue en 2016 y ya no sé ligar; en mi mente todo hombre que conozco es machista misógico y por lo tanto pendejo y violento hasta que me demuestre lo contrario.

Bueno antes no era feliz, ahora tampoco lo soy pero puedo afirmar que por lo menos estoy un poco menos pendeja que antes.

DRAW MY LIFE: PICS II

Milagrosa make










Cuando estoy triste saco mis juguetes y juego. Me recreo entre la imagen de aquel ser hecho mujer nacido un 6 de julio de 1907, me reconozco extraña y sonrío porque tengo a Frida en mí, entre mis manos jugando a la tiendita del museo.

DRAW MY LIFE: PICS!

Milagrosa make
PORQUE UN BUEN DÍA EMPIEZA CON UN BUEN LIBRO.

INSPIRADA EN RAPSODIA 2013

PRIMAVERA

ESTAS LAS COLOREÓ LA MADRE


A LA VENTA TAMBIÉN EN COLOR TURQUESA
DECORACIÓN HIPPIE-CHIC-ÉTNICO-RÚSTICA-ORGÁNICA

ABRIL 2013

No hay barullo. No hay pasiones. Hay; sin embargo, un letargo ficticio, aprendido; reproducido por los constantes oleajes de mi cerebro y de mi corazón. Hay miradas de reojo, suposiciones, análisis exacerbado del todo y de sus partes, un análisis que raya en lo enfermizo. Hay soledad/egoísmo/perversión (literal, en ese orden). No sé cómo pasó. En qué momento decidí hacerme invisible y prescindir de lo humano sólo para añorarlo desde un rincón protegido bajo techo. Para ver pasar la belleza y admirarla y suspirar y compararlo con mi realidad un poco gris, sin colores ni matices. Me urge la expresión pero no puedo sacarla, se queda atascada antes de ver la luz. Me urge sostener la mirada y dejar de hacerme la interesante. Back to black...

Terminando...

Hoy, sabrá dios porke, me dieron ganas de escribir, ha de ser por ese desma del fin de año, porke en si en si, todo sigue igual que antes.
Excepto porke mi vida se asalariada concluye para seguir siendo freelance, para seguir articulando mi vida con mi propio horario. Debo confesar que me asusta un poco y en el fondo tengo una ligera idea de que a la mera hora si me van a dar otro contrato. Pero qué he obtenido después de un año en esa chamba: pos sobre todo tener contentos a mis jefes, quienes gustosos me dan de comer o van por mí y en segunda varo, varo para comprar la cámara que me gusta.
¿Qué es lo que me mueve la tripa? La tripa me la mueve la injusticia, pero al mismo tiempo tiendo a apaciguar la tripa porke estoy sola, sola contra el mundo porke toda la gente me cai mal, en verdad a todo el que conozco le encuentro defectos para no pelarlo o relacionarme. Y aunke he intentado no ser así no puedo evitarlo, creo que la gente es muy ignorante, muy frívola, y ese es el pedo. Todos me cagan y estoy sola, sola para luchar contra todos.
Sé que sola no la voy a armar en nada y por eso ando en busca de gente chida, gente que me entienda, que jale para dnd yo jalo, ahora me doy cuenta que en realidad kiero un novio nuevo sólo porke así ya no me sentiría sola contra el mundo, más que un novio kiero un camarada, un cómplice que jale para dnd yo jalo y tire para dnd yo tiro.
Veo que la única forma de superar esa bronca de mi carácter es alejarme un tiempo de mis padres, del hogar paterno pues, porke akí estoy tan a gusto que no he aprendido a interactuar con los demás, a saludar al vecino, a hacerle la plática al pasajero de al lado, no sé... paso de largo sin ver ni pelar a nadie y estoy segura que al vivir sola no sería así porke necesitaría mínimo articular una oración con alguien más.
Ahorita tengo en mente trabajar en la gran ciudad, algo ha de salir, algo bueno, algo realmente bueno.
Mientras tanto doy gracias a dios y a la madre por darme la esperanza de un mejor mañana.

Akí sigo, no andaba muerta andaba de contrato.

Mila hacia el 2012

Cada quien su lucha

Hace como tres años pertenecí a una lucha, a una hermosa lucha que busca hacer valer la palabra. Hace ya mucho tiempo de eso y ahora quisiera volver, reincorporarme a esa lucha y sentirme poderosa, como en aquel entonces. siempre tiendo a entrañar el pasado y ni siquiera me doy cuenta de lo que ocurre en el presente, hace unos días, en un intento por terminar con esa añoranza insensata, me dije a mí misma que hoy estoy mejor que nunca, que este es mi tiempo, mi momento, porque soy más experta, porque mi rostro se va ahora sí maduro. Hoy soñé que esos, mis compas me llamaban, yo asomada desde una azotea los veía llamarme, desde el otro lado de l barda, los veía desde arriba, los miraba y ellos alegres y animados me llamaban. me decían que fuera y no fui.
Saber de esa tierra me provoca tristeza, debo confesarlo, saber de esa gente me mueve la lágrima aún, todavía, después de tres años, porke mi corazón keire volver a verles, mi espíritu kiere volar para allá, allá donde tambipen es sur, pero mi miedo al rechazo, a verme suplantada, rebasada me detienen, sé que no debo ir, unos me dicen incluso que ya para qué voy, que ya no tengo nada que hacer allá...
Hay veces que tengo tantos deseos de estar allá, de verlos otra vez a cada uno de escucharlos dirigirse a mí. pero eso se me hace que ya nunka volverá a pasar.
En uno de aquellos regresos, vi a esa pekeñita ojos negros y le dije ay ya no te volveré a ver, ya no te veré crecer y si alguna ve volvemos a vernos no te vas a acordar de mí y así como le dije a akella pekeñita yo pienso que los demás tmb se habrán olvidado de mí, habrán dejado de pensar en mí hace ya mucho tiempo y seguramente mi escencia ya desapareció de aquella tierra, hermosa y llena de flores, seguro también, ella, la tierra ya no me recuerda.
Y ahora intento, como por recuerdo enfermizo escucharlos, saber de ellos por medio electrónico, como añorando encontrar en ellos algo mío, alguna huella, alguna marca que de cuenta de quer estuve ahí formando parte de sus vidas, de su lucha.
Y como yo ya no pertenezco a esa lucha, como yo ya no formo parte de ellos, ni de su comunidad ni vivo en sus corazones o en sus oraciones, necesito encontrarme una nueva lucha, una muy mía particular, honesta que no llegue a mí porke venía adherida a alguien que me conoció o que no me impongan por intento evangelizador.

Diosisot, cuanto kisiera que mi personalidad fuera diferente, es más kisiera ser alguno de los dos extremos del espectro: frívola o activista y no la mediocre tibia que soy, que he sido siempre. hoy de plano me lastima mucho y status quo actual, hoy de plano no veo motivos para seguirle buscando el modo y eso la vrd me desanima mucho, no creo que se deba a estas ammadas de fin de año, se debe más bien a que todo se me juntó en pocos meses, de debe más bien a que sigo siendo la misma, la msima tonta de la colina.

Soy tu fan

"Porke no es tan fácil encontrar un cómplice en la vida", esas fueron las palabras de Charly en el capítulo final de la serie Soy tu Fan. Yo encoontré a mi cómplice. Él es kien me defiende aunke pueda defenderme yo sola; él aguanta vara cuando me pongo muy triste o muy loka; él baila conmigo aunke no le guste, nadamás porke yo se lo pedí... pero también hace comentarios de mi sobrepeso justo cuando acabamos de hacer el amor o se keda dormido mero cuando yo kiero que me abrace y acaricie mi cabello; también es malo para consolarme cuando estoy llorando y pocas veces chulea mi atuendo, mis zapatos nuevos o esa blusa negra que me compré pensando en que le gustaría y con la cual dice parezco señora; incluso se olvida fácilmente de las cartas, recaditos o videos que le hago en su cumpleaños o simplemente porke lo extrañaba, las agradece pero no vuelve a recordarlas hasta que se las encuentra por casualidad y sabe que aún no las ha perdido o tirado.
Sin embargo, sus formas de demostrarme que me ama son más pragmáticas, por ejemplo: se encarga del abasto alimenticio cuando a mi se me acabó el varo; me presta su ekipo para que chambeé y sake una lana extra; me prepara hot cakes; me compra 2 kilos de plátano macho y me los prepara fritos con harta lechera, mermelada y un chingo de crema porke tuve un antojo, además se disculpa por no haber conseguido las chispas de chocolate. Se hace el gracioso cuando sabe que lo observo; me da masaje en los pies cuando sabe que estoy muy cansada y me deja dormir hasta tarde cuando estoy en plan de echar la weva.
Quisiera que mi cómplice fuese a veces más cariñosito, que acariciara mi espalda, que cuando me recargo en su pecho acariciara mi cabello, mi cuello, mis hombros y luego frotara dulcemente mis nalgas (de hecho pocas veces toca mis nalgas y mis piernas, será acaso porke es lo más feo de mi cuerpo), kisiera que mi cómplice sintiera que trae de la mano a una viejota y que me viera tan atractiva como todo akel al que le gusto; que hablara más seguido de que soy guapa, de cuánto le gusto, de cómo me desea, de lo bonitos que son mis senos, mi cintura, la suvidad de mis piernas recién depiladas, de lo carnoso y ricos que son mis labios, de lo bien cogido que lo dejo. Quisiera que esos sus ojitos de botón se me kedaran viendo embobados como cuando ven a una buenona en pantalón ajustado y tacones caminar por la calle.
Sí, es muy difícil encontrar a un cómplice en la vida y aunke ya lo encontré y lo tengo caminando junto a mí, no puedo decir que mi vida en pareja sea espléndida, por ejemplo, me molesta enormemente que digan que es mi esposo o que soy su esposa, me enoja que su padre me presente como su nuera o como la prometida de su hijo NOOOOO!, soy sólo su novia, él es mi pareja, somos novios y nOOOOOO, repito Y SUBRAYO CONTUNDENTEMENTE NOOOOOO, NOOOOOOO, NOOOOOOOOOOOOO SOMOS ESPOSOS!!!!!!!!!!.

Psicológo

Mañana como a eso de las 8am será mi primera sesión de terapia psicológica, un psikiatra me canalizó pa llá después de un largo interrogatorio. Al parecer no estoy tan mal, creí que necesitaba medicamentos pero sólo me van a "terapiar". Llevaré blusa blanca, zapatillas rojas y pantalón de mezclilla oscura, esta vez no usaré sombrero.
Ese documental "Y tú qué sabes?" me ha conmovido, me hizo incluso intercambiar esas teorías con mi sikiatra (uno de los mejores en el hospital, especialista en autismo) y él dice que no cree que seamos adictos a los químicos generados por el cerebro a partir de nuestras emociones; sin embargo sus argumentos no fueron convincentes y me quedo con el sí, definitavemente somos adictos. Quisiera que me fotografiaran el cerebro, que lo radiografiaran, lo cartografiaran y me dieran la receta para deshacerme de estos miedos y prejuicios absurdos; quisiera entender en lo absoluto que brillo entre la gente como alguien por ahí me lo hizo saber algunas veces.
Quiero, amables lectores, ponerlos al tanto de mi vida, quiero contarles de los caminos que he recorrido,los labios que he besado, de las veces que he palidecido, pero sobre todo de cuando me pongo chinita cada vez que mi hombre me hace el amor. Empezaré por deciros que me ha cambiado el rostro, antes más redondo, cual luna llena; hoy afilado y duro. Los ojos, ahora más grandes y la piel ahora más tostada dan cuenta de una nueva yo, de una nueva yo viviendo en pareja.
Uno gobernado por los gemelos astrales es mi compañero, uno delgado con ojos de botón es quien camino al lado mío, él, inaudito casi espejismo, me acaricia todas las noches mientras nos disponemos a dormir en un colchón de 4 mil pesos acomodado en el suelo. Él, experto en comida poblana, me cocina coliflor con crema, elote, chile poblano y pechuga, y a mí me gusta, incluso aunque la coliflor sea inapetecible en otros platos. Él, mi hombre, se convierte en niño cuando pongo su cabeza entre mis piernas y lo cobijo con la cara interna de mis muslos y lo acaricio del cabello, las mejillas, y más tarde veo cómo se desvanece el niño para dar paso al hombre erecto y humedecido. Así somos, impredecibles, pero así comos somos nos entendemos y hasta nos hacemos falta, antes creía que eso de la pareja ideal ocurría únicamente en las pelis rosas, ahora veo que en efecto, sólo ocurren en las novelas rosas pero todos los amores de la vida real empiezan a sí rosas y se mantienen de ese modo por un rato hasta que la costumbre o los problemas del cotidianos acaban con el encanto.
En otro momento continuaremos este relato, porque debo descansar los ojos para que mañana no me cierren a lo largo de todo el día.

Milai, sobreexpuesta.

Mis padres.

Que va a necesitar oxígeno y un aparato, la enfermera le dijo que si estaba grave, del 1 al 10 él tiene 11 o más de gravedad. Está de buen ánimo, sonriente y gracioso. Ayer, mientras lo acompañábamos a su examen del sueño, lo miré de otra manera, con la luz de las 5 de la tarde, en la calle, sin el respaldo de su imperio, su casa y sus súbditos. Está muy canoso, su negro cabello, quebrado y delgado empieza a tornarse blanco y la vista, aunque aún jovial se le va avenjentando.

Mi madre, del otro lado, sube las escaleras trabajosamente, cojea y se impulsa con el pasamanos, no puede leer las letras chikitas de los libros en el camión en movimiento y hace mucho que no se maquilla para una fiesta.

Yo me veo muy vieja, a veces me dicen señora o doña, me da coraje pero no tengo los wevos para contestarles: "no soy señora pendejo". Tengo sexo cuando quiero, de las formas más alocadas, con mi Riki, por supuesto, sin que nadie me censure o me regañe, duermo con él sin importarme que al día siguiente el glamour se haya convertido en calabaza. Me ha visto sucia, fodonga y aún así dice que me ama. "¡Ay en la fodonguez te ves bien bonita, se te saltan más las chapas!", eso si es amor y no jaladas. "¿Te lavo tu vestido blanco? Voy a tender la ropa. Te preparé la comida chapis".

Lo amo y de cierta forma veo en nuestra relación resquicios de la relación de mis padres, sólo que con el ímpetu contemporáneo de dos profesionistas que intentan (sin lograrlo a veces) superar los prejuicios machistas con que crecieron nuestros progenitores.

Ver a mis padres tan maduros, vivos y felices después de todo lo que han pasado, después de tanto dolor, tanta desesperación, incertidumbre, pobreza, me hacen sentime felíz de haber encontrado un compañero como mi Riki.

Si esto perdura, así lo quiero y para ello estamos trabajando, quiero que cuando lleguemos a la edad que tienen mis padres, nos sintamos felices y nos extrañemos mutuamente así como ellos se extrañan, que nos pase así como cuando mi papito le llama a mi mamá para ver a qué hora regresa de ahí donde se fue o cuando mi mamá se asoma por la ventana de su cuarto en espera de que llegue él y duerman y despierten juntos y así, aún en la cama, platiken de nostros, sus hijos, de lo que hacemos y de lo que no hemos hecho, que hablen de las reparaciones de su casa que nuca se acaban y de a dónde se van a ir a desyunar al rato.

Amo a mis padres y por eso me voi por un año, para hacer las cosas bien y demostrarles que al menos por mí ya no tienen que preocuparse, que hicieron un buen trabajo y que ahora su esfuerzo está dando frutos.

Por haber nacido en esta familia he sido mil veces bendecida.

Milagroso 2010

Pensar en el pasado, llamarlo con el recuerdo hecho relato o lágrima o suspiro es tarea insensata y pobre, más recurrente de lo que se deseara y más inoportuna conforme avanzan los años. Sin embargo, hoy pensar en el pasado no me parece tan malo pues reafirma el infinitivo más conciso que ha permeado mi existencia: vivir.
Vivir no de oídas sino de andadas, con el instinto de aquel animal primigenio que soy, que he sido, vivir sujetándome a la vida con todos mis dientes y con las contracciones de orgasmos extravagantes cuyos fluídos bendicen la tierra de arriba para abajo.
Vivir o amar, que a final de cuentas es sinónimo, me ha hecho dueña del disfrute; pues he amado intensamente a cada uno de mis hombres, todos a su debido tiempo, me he entregado con todo lo que tengo y he caido al vacío con la venda del amor cerrándome los ojos, para al final ser más experta, deshacerme poco a poco de los miedos y aspirar a todo aquello aún no probado por mis sentidos.
La ruta que he trazado en mi camino, en la palma de mi mano, cuya línea de la vida tiene cada vez más longitud, hacen que me sienta orgullosa de los logros que hasta ahora son evidentes. Uno de ellos es mi pareja, que condensa en toda su persona aquello que alguna vez vi sólo en mis sueños más "guajiros", él es mi cómplice en muchos aspectos de mi vida y mi más férreo enemigo, es mi recompensa pero también mi talón de aquiles, es un cúmulo de virtudes pero al mismo tiempo el más imperfecto de los hombres, es en sí mi espejo convexo que dice sólo la verdad.
Ni el poeta más cursi se hubiera imaginado que esta mujer ambivalente llegaría al año 2010 sin ser corrompida, con el amor desbordándole en el pecho y con la desfloración del alumno que se hizo maestro. Como dirían por ahí: "confieso que he vivido" pues y que seguiré haciéndolo por muchos año más, mientras la muerte no me localice.

Anita bis

Cuando más pequeñas ella y yo no éramos las mejores amigas, de hechos se puede decir que me disgustaba. De adolescente empecé a agarrarle el modo, aunque no puedo recordar los momentos buenos que pasamos juntas. Sólo de adulta fue como su mundo y el mío se acercaron hasta que llegó el momento en que dijo: "mírenla, ¿a poco no se parece a mí cuando era joven?"

Me recuerdo la gran mayorías de los momentos en que me hizo reír, algunos de ellos fueron cuando Aldo remaba en el agua de coladera que inundó el patio y mi mamana lo amenazó con un palo casi correteándolo hasta que él decidió parar con su odisea; o cuando dijo: "ya nos vamos" y al oir una canción movida empezó a bailar; o aquella vez en que fuimos juntas a comprar barbacha y yo le decía: "¿otro taco?" y ella decía siempre que sí, nunca decía que no.

Soñó con él akel día.

"Soñé que yo salía de la casa y veía caminando a mi abuelito de ese lado del río, yo corrí hacia él y le dije mientras lo abrazaba: "abuelito ya estás bien". Caminamos todo ese tramo hasta la esquina de agricultura y como yo iba a jugar con mis amigos, todos se habían reunido en la esquina con sus bicicletas, patinetas y todo eso. Él se recargó en el poste de la esquina y nomás me veía sonriéndome, sonriéndome todo el tiempo como cuando lo abracé.

"Yo ya estaba con mi amigos cuando en eso me dicen: "mira, tu abuelito se va a caer", yo volteaba y veía cómo se iba de lado hasta que cayó al piso, entonces corrí y lo levanté, lo llevé cargando hasta la casa y lo acostaba en la cama, entonces cuando lo veía estaba dormido y vestido de blanco.

"En eso, el llanto de mi pa´diciendo: "Mary se murió mi maestro" me despertó y me di cuenta de que mi abuelito acababa de morir".

Anita

Salió del pueblo cuando era una niña porque su mamá, madre soltera, tuvo que dejar el rancho para ganarse la vida. Llegó a la ciudad de México para hacer algunos quehaceres, lavar ajeno, vender verdura... el dinero era escaso y las oportunidades de conseguirlo también por eso tuvo que regresar al pueblo, encargar a su hija con su madre y regresar a la ciudad para seguir trabajando.

A Anita, la niña encargada, no le fue muy bien con su abuela, pues para ésta la falta de dinero era también angustiante. Vendía pulque en el pueblo y entre que raspaba, fermentaba y vendía no le quedaba tiempo para atender a la nieta. Había veces en que Anita no comía nada más que chucherías y fueron pocos los días en que no recibió algún golpe de mano de abuela y de manos extrañas, autorizadas por la misma abuela, porque ella se portaba mal.

Fue por eso que Anita conoció todo lo que debe saberse del pulque, cómo darle su tiempo, cómo conseguir buen maguey en tiempo de lluvias, cómo sacar la mayor catidad de agua miel en un sólo sorbo y cosas por el estilo. Fue también en ese tiempo cuando trabajó el campo intensamente. Aprendió a cosechar el frijol, el chícharo, a arar con yunta, a limpiar y romper la tierra antes de la siembra, a cortar la mazorca conforme iban los zurcos, para no dar doble vuelta y acabar más rápido. Años más tarde le pasaría toda esa informción a su nieta, a su oaxaqueña.

Así, Anita se creció en el pueblo atareada con regaños y trabajo lejos de su mamá, hasta que se hizo mujer, su abulita se hizo más viejita, su mamá más grade y decidió irse también a trabajar a la ciudad. Es en est momento cuando el relato se vuelv algo difuso pues no se sabe bien si su abuela se enfermó, cuándo regresó su mamá al pueblo para quedarse, hasta qué edad salió del pueblo de manera definitiva, qué edad tenía cuando se embarazó de su primera hija y dónde y cómo sucedió, por qué el padre de su hija no la ayudó pero si le dio sus apellidos a sus hijas...

La hisoria continúa más o menos clara hasta cuando Ana ya tiene dos hijas pero sigue sin marido, sin un buen trabajo, sin casa, sin alguien que le tienda la mano más que para llamarla María despectivamente o meterla a la cárceel por vender montoncitos de limones sin tener permiso. Seguía padeciendo la pobreza. Un tiempo trabajó en una tortillería pero ya tenía una hija de brazos, así que las dos mayores llevaban a la bebé para que le diera pecho y después se iban a jugar a un camellón. Anita les dejaba algunos centavos para que se compraran de comer pero ellas no compraba comida sino que jugaban al cumpleaños con una concha y unos flancitos que vendían en vasitos chiquitos. Cuando su mamá salía de trabajar les preguntaba si habían comido y ellas decían que sí.

La vida tan dura que llevó hasta ese momento la llevó a la bebida, con hijas, sin hijas, con trabajo, sin él, con deudas, sin casa empezó a tomar casi del diario y empezó a poner en práctica lo que vivió con su abuela: sus hijas, sobre todo la mayor, recibían golpes y regaños y dolor acumulado por su madre en forma de golpes. Anita y su comadre se la amanecían tomando y sus hijas estaban ahí, junto a ella, esperando que decidiera irse a dormir. Le decían: "mamá ya vámonos, mire la gorda ya está dormida" y paraban a la más chica para que su madre se compadecirra de su cansancio y decidiera irse a dormir. A veces funcionaba y todas se iban al cuarto que rentaban, que estaba en la misma vecindad, a veces Anita no les hacía nadita de caso y lloraba toda la noche hasta amanecer con un cartón de cerveza al lado.

En una ocasión, las hijas pasaron quince días sin mamá porque la llevaron a la cárcel, otra vez por vender y por no tenerpara pagar la fianza. Ninguna de las hijas se recuerda cómo sobrevivieron esos quince días, con quién vivieron o quién les daba de comer. No tengo claro si al salir de la cárcel pasó mucho tiempo para que conociera a Don Juan, hay huecos en ese lapso pero es reconfortante saber que Anita sí pasó una época muy felíz por esos años.

Vendía en La Merced montoncitos de fruta o verdura y en una ocasión un señor se puso muy malo cerca de su puesto; ella con su altura, sus largas trenzas, su piel morena y su voluptuoso cuerpo, se acercó a ayudarlo. Por supuesto al señor le gustó Anita y empezó a cotejarla, pero Anita no daba su brazo a torcer, se hicieron más allegados hasta que un día Don Juan le dijo que ya no trabajara, que él le pagaría por que se quedara en su cada cuidando de sus hijas. Para Anita eso era un sueño hecho realidad pues iempre le pidió a Dios que le madara a un hombre que la sacara de trabajar para que ella pudira dedicarse a sus hijas.

Anónimos en la oscuridad.

Hace poco unos brazos ajenos me acariciaron,
la lengua de un desconocido entró en mi boca
y su excitación se restregó en mi cuerpo.

Todo pasó hace unos días
cuando me puso contra las cortinas cerradas de los negocios del centro.

Todo pasó porque mi cintura, mis nalgas,mi boca y mis pechos
estuvieron dispuestos, en celo.

Ahí, con la dilatación en los ojos y en el sexo,
íbamos a poseernos amistosamente de no ser por el rumor alcoholizado
acercándose hacia nosotros.

No hay nada mejor para conocer a alguien
que involucrarlo en onanismos eróticos.

Hoy, ya nos conocemo un poco mejor,
aunque no es seguro que volvamos a vernos.

Un lugar en medio del cerro.


Hay veces que la tierra coquetea muy de cerca con el cielo, hasta parece que se acarician mutuamente. Montañas, cerros o colinas crecen impacientes como queriendo alcanzar aquella cortina azul. Su romance es bendecido por un hálito olor a café y la Luna alcahueta los protege en la oscuridad contra los corazones envidiosos.

Pasa, también a veces, que aquellas montañas se fusionan con el hombre a través del tempo dado por la danza y el canto. Un canto ejecutado en voz e instrumento y una danza multitudinaria de piernas, palmeras, flores, aves, incluso de relieves que ritualizan para los dioses hasta dejarse amanecer por el Alba de Tlachicometis.

Pero existe otro tipo de danza, la que se da en lo cotidiano, una que hace música y da de comer: podemos escuchar cómo bailan las cañas entre los pliegues del trapiche que rechina conforme exprime al máximo el néctar de la fruta; cómo después el dulce brincotea entre hervores gracias a las brasas y cómo se apacigua al ser vaciado en los moldes que le dan forma de panela.

Envueltas en su propia danza podemos encontrar a las cerezas del café que retozan sobre las planchas en las que son lavadas y procesadas hasta dejarlas listas para el tueste.

En las casas del pueblo o en los caminos más inhóspitos seres de humo o de carne o de yerba ejecutan sus propios cantos, sus propios recorridos y sólo unos cuantos, ajenos a todo eso, son los afortunados de percibir tan maravilloso espectáculo.

Los cerros con su húmedo follaje y el cielo, perennes testigos de aquellos recitales, a veces paralelos, a veces convergentes, dan cuenta del pasado, el cual se aloja en sus cuevas donde el eco ancestral es más nítido y constante. Esos silenciosos observadores han visto nacer al prócer Úrsulo Galván, han ayudado a renacer la vida de sus tierras y han dado de comer por generaciones a los veracruzanos de Tlacotepec.

Pruebo un tlatonile ―guiso de pollo acompañado por un mole de chiles secos, semillas de pipián molidos en metate― junto con un atole de capulín y espero con ansias que ya sea de mañana para presenciar la danza del Alba de Tlachicometis que ni los más ancianos saben cuándo empezó porque desde que recuerdan siempre ha existido. Eterna como la tierra y los vientos, como el propio pueblo de Tlacotepec de Mejía.

Falta de salud

Desde que él se fue la enfermedad se ha apoderado de nosotros. Nos deja tranquilos un tiempo pero luego regresa, por eso no hemos salido de hospitales, consultorios o laboratorios y no se ha diluído la incertidumbre reflejada en lágrimas infantiles que brotan de mis ojos.

El virus que ha invadido mi cuerpo, por ejemplo, aún no está clícicamente diagnostiado pero sus síntomas son ya evidentes, es un virus huidizo, intermitente y por eso más peligroso. Un virus del que hoy no quiero hablar.

Vivíamos circunscritos por una especie de cerco estelirizado que impedía se colara la enfermedad. Hoy la tenemos y de todos tipos e intentamos mantenerla a raya. Lo bueno es que, en algunos casos, hemos podido eliminarla o por lo menos nutralizarla.

Desde que él se fue hace casi siete meses ya nada siguió por el mismo camino, nos ha hablado en sueños a varios de nosotros pero no he tenido la oportunidad de preguntarle cómo hacer para aliviar la falta de salud. Ahora que es omnipresente debe tener respuesta a muchas de las preguntas que tenemos acá abajo.

Señor que la enfermedad se aleje para nunca regresar.

¿Escritos VS Pasos?

Paso por una pauta de tartamudeo mental, las ideas no fluyen continuo, sino que se atoran en el gañote como avergonzadas. K-I-E-R-E-N SA-SA-SA LIR PEPE-PEPERO SE RE-GRE-GRE-SAN.
Debajo de la k-ma hay dos cajas de huevo llenas de cosas que hube escrito hace algunos ayeres, no quiere decir que todo sea una obra de arte, de hecho el 80% no tienen más valor que el del añejamiento; sin embargo los conservo por una suerte de romanticismo primigenio y porque me dan a saber que antes me faltaban hojas (hasta fabricaba mi propio papel) y ahora me keda grande el mínimo de palabras.
¿Qué será lo que está pasando? me he preguntado muchas veces y tengo dos conjeturas: la primera gira en torno a las lenguas que he conocido, antes sólo sabía del español, ahora me permeé de distintos lenguajes, no siempre hablados, que han sacudido mi tatema hasta estroperarme un poko el sedimento memorial acumulado haciéndome combinar los ítems de un campo semántiko en otro radicalmente distinto y viceversa. Lo más grave son mis ímpetus alquimistas que quieren intervenir la naturaleza de uno y otro lado para hacer injertos dando como resultado un algo amorfo que sólo yo sé que entiendo.
La segunda es la más precaria: me ha sido más importante todo menos escribir, el vivir se me ha ido entre búsquedas en el Google, entre besos de lengua, bailando, riéndome de mí misa, rompiendo promesas, añorando viejos brazos, aprendiendo a vestir según mi pekeño cuerpo; la vida se me ha dado, debo confensarlo, entre utopías a ultranza que por andar poniendo en práctica se me ha olvidado escribir. La labor intelectual no debiera estar alejada de las letras, porke no hay forma más noble de abrazar a alguien que con enunciados bien construídos (asegún la sintaxis de cada quien desde luego) pero también estoy muy cierta en que no deseo vivir de oídas como Borges. Digamos que un ratito con mis escritos y otro tanto con mis andanzas.

Por ahora prefiero robustecer las andanzas y que lo escrito sea consecuencia.

Milagrosa haciendo maletas para ir a atrapar sus sueños.

A Chavela lo que es de Chavela y a Dios lo que es de Dios: homenaje a Chavela Vargas por sus 90 años.

"Abre los brazos Chavela", le gritaban desde las butacas del Teatro de la Ciudad invariablemente ocupadas por mantas, linos, algodón, sedas, charmess, razos, mezclillas, organzas y tul roído.

Era ella, la mujer de 90 años con aura enigmática que ni la charla de dos horas hablando de ella y exclusivamente de ella logró diluir. Pocos podían creerlo pero sí, era ella la que llegó al velorio de Frida Khalo ataviada con huaraches y un jorongo de vivos rojos -al menos eso es lo que cuenta Carlos Monsiváis-.

Las palabras se hacían pues en torno a ella mientras ella estaba sentada, a modo de reyna, en una especie de trono metálico con ruedas y allí permaneció mientras se hacía el desfile de ofrendas in situ, sólo dos se hicieron en masculino, las demás, a Dios gracias, fueron en femenino.

La estrafalariamente hermosa hizo su presencia: Astrid Hadad era la primera en llegar con los obsequios y a ella la siguieron La Negra Chagras, Julieta Venegas, Mario Ávila, Fernando del Castillo, Jimena Giménez, la sucesora Lila Downs y la magistral Eugenia León.

Su mente no se quedó quieta dentro del teatro, todo el tiempo voló a través de los recuerdos mientras los lentes oscuros que portaba le hacían creer a los otros que ahí estaba.

Sólo regresó un momento para dirigirse a los embelesados con su historia y decirles más o menos así: "Pues si no es que no quiera hablar sino que no puedo (estallan las risas). Ahorita me ven aquí en silla de ruedas pero les prometo que no me voy a quedar así, les prometo que en dos meses voy a estar bien".

Pero la generosidad de la reyna no terminó ahí, en medio de la algarabía por entonar las tradicionales mañanitas mexicanas se hizo escuchar, una vez más cual estruendoso rugido, su dulce voz aguardientosa y así dijo: "...despierta Chavela despierta, mira que ya amaneció, ya los pajarillos cantan, la Luna ya se metió..." al rotundo silencio que acompañó ese breve estribillo le siguió la ovación más eufórica que ningún condenado a muerte haya ofrecido a su salvador.

Y para que no quedara duda de su infinita nobleza, la reyna le cantó a sus súbditos:

"...Y volver, volver, vooooolver a tus brazos otra vez, llegaré hasta donde estés yo sé perder, yo sé perder, quiero volver, volver, volver" y entonces sí la locura se desbordó sin precedentes: aplausos de pie, gritos, sollozos estruendosos, infinitamente agradecidos y aún así fue poco porque el Teatro de la Ciudad le quedó chico, como chicos también le quedaron los anfitriones que quisieron hacer del arte un méndigo acto de política, cosa que nadie en las butacas permitió y el pobre diablo Marcelo Ebard tuvo que slir con la cola entre las patas.

Chico también le quedó el tiempo y las ofrendas de esa noche del martes 21 de abril, lo que no le quedó chico fue el recuerdo y los fieles súbitos que la ovacionaron de pie inclementes frente al telón que se cerraba y se abría... hasta que al final se cerró completamente junto con esos brazos suyos que se extienden tan majestuosamete como los de Jesús Crucificado.